Semanario
de las cosas que pasan
Fue el cumple de T. Nos separan 12 años y miles de kilómetros de distancia. Nos une la familia de origen y el acuerdo que hicieron nuestras almas antes de llegar a esta vida.
Pienso mucho en la historia que hay detrás del encuentro. Nuestra presencia ante el otro es rito. Siempre debería recibirse victoria, nunca amenaza. Siempre es logro, hazaña, milagro. Abracemos siempre a quien nos encontremos. ¿Cuáles serán las batallas que habrá librado hasta llegar al encuentro? A estas alturas del grado y la terapia, yo ya sé que muchas. A veces, quizás, demasiadas.
Tengo una idea: dos personas se van de viaje por el mundo a bordo de un crucero; en una excursión huelen a rata muerta y se infectan de un virus mortal. Se mueren a bordo del barco pero antes de morir, contagian al barco entero. El mundo se dividirá en dos: los que querrán que el barco atraque en su puerto para salvar a los que quedan o los que preferirán dejarlos morir en alta mar por miedo a que el virus se propague. Es muy Chéjov y Foster Wallace a la vez pero a lo Netflix.
Varias cosas anotadas: Me he llenado y me voy al mundo. En la falta de límites acaba habiendo desbordamiento. Lluvia a raudales. Danas emocionales.
Apuntes (que no anotaciones):
McAdams (1990): Uno es al mismo tiempo el historiador y la historia (en cuanto al desarrollo del yo se refiere).
Teoría de la selectividad socioemocional (Carteasen, 2001): Con la edad, se produce un cambio motivacional importante: de la búsqueda del poder al sentido, satisfacción personal y relaciones significativas.
Sigo buscando la forma de colocar a papá en todo esto. Creo que todas lo hacemos en cierto modo pero cada una con su herida. No sé si de verdad lo creo pero me viene bien creerlo.
Vivimos la vida en modo suscripción. De la misma manera que me suscribo a Netflix, me suscribo a un coche, incluso a un trabajo. Nada me compromete. Lo puedo dejar cuando quiera sin consecuencias. Ojo con eso que aquí hay un temazo. En ello ando; en este pensamiento semilla.


