Fresas salvajes
versión soñada
Vimos Fresas Salvajes. Esa misma noche soñé con mi padre. Estábamos en un pueblo bíblico que se abría en mitad de dos mares. Mi sueño no era a color, tampoco en blanco y negro. Era amarillo ocre. El pueblo, un pueblo con tintes africanos de otra época, era en realidad una calle desde dónde él y yo, y una multitud de personas, estábamos de pie mirando de frente una proyección en un edificio de viviendas altísimo. Se proyectaba una película: ¿sería Fresas Salvajes? En el sueño, yo tenía dos papeles, dos voces. Vivía la escena como en dos unidades de cámara: por un lado, yo estaba al lado de mi padre, de pie con la multitud, viendo la película y escuchando de fondo las olas romper. Por el otro, tenía la capacidad de ver la escena en un plano general, como si fuera una voz en off. Como si ya lo supiera todo. Como si no me afectara nada. Estaba fuera de plano y todo en la distancia era bello. Los relojes sin agujas del sueño de Isak eran olas rompiendo en peñones sin corriente de resaca. Olas que chocaban bravas, muy bravas, a banda y banda del plano, pero sin esa posibilidad de repetición tan propia en ellas. Las olas iban solo en una dirección y con una trayectoria: hacia adelante y a por todo. No era la misma ola la que volvía a chocar una y otra vez contra el peñón, sino que eran olas distintas. Eso le daba a la escena sensación de aceleración. Que el tiempo corría vertiginoso en el sueño, solo lo podía ver mi yo narradora. El paso del tiempo, mi padre lo agota. Mi otra unidad, notaba a mi padre tranquilo, mientras veía la película en blanco y negro. La proyección gigante en el edificio, era un reencuentro simbólico, y con una multitud por testigo, con su padre y con la mujer que más tarde sería mi madre. Mis padres se conocieron trabajando en la Warner, mi abuelo Romero era alguien allí.
En el sueño no pasaba nada más que eso. No había muerte, no había examen, solo reencuentro. Un reencuentro facilitado por mí.
Le presté mis sueños a mi padre para ver, si desde aquí, todo nos resultaba más fácil.



