Breve recordatorio
para una escritura con todo
Hay un diente de león. También hay viento. Caracoles. Tierra seca. Tierra fértil. El misterio según un gato: un arbusto. Un arbusto frondoso. Cargado de ruidos. Unas hojas verdes tejen una especie de lianas, algunas entrelazadas, caen del arbusto frondoso. Hormigas. Hormigas rojas que pican. Me pican el culo. Ortigas. Recuerdo hacerme pis en la picadura de ortiga. Alguna hoja seca. Está también mi miedo hecho valla, o alambrada según para quién. Un miedo saltado a la torera por Mac. Un gato; quién sino. Hay eso que alguna vez fuimos y que ahora me esfuerzo en arrancar. Mala hierba. Imposible quitarla toda. No los veo pero esto está lleno de gusanos. Están por todas partes para recordarme lo que seremos. También hay lombrices que me devuelven a mi niñez. Esa niña extraña que a veces tenía lombrices. La niña caracol. La niña safanta. “Esta niña, Ricardo, qué rarita nos ha salido”.
Pienso que quizás para escribir no me haga falta tanto rito. Solo esa niña safanta. La niña caracol. Esa niña, Ricardo, que qué rarita nos ha salido. Ese salir a coger aire en forma de preguntas. ¿Cuánto cuesta un trineo de nieve? ¿Cómo funciona un telesilla? ¿Cuántos nanómetros utiliza la terapia de luz roja? ¿Los gatos viven más porque están más expuestos al sol? ¿Existe un género de miedo cómico? No la preparación. No encontraré la escritura en las montañas. Tampoco en el mar. Ni en el empuje del viento. No es la escritura en, no es la escritura porque, no es la escritura como. Es la vida. Es un todo. Darle la razón es una trampa para no ejercerla.
Esta reflexionó nació en mí este verano y ahora la retomo fuerte tras leer “Basada en hechos reales” de Delphine de Vigan. Corre a por ella. También las conversaciones con mi querida Belén, en nuestro espacio de Escribe con Todo.
Tal vez
No se escriba
por lo de fuera,
se escribe
por lo que te pasa
por dentro.


